25 de junio de 2013

Bolsas biodegradables, ¿leyenda urbana?

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Cuando las bolsas de plástico se etiquetan como “amigables con el medio ambiente”, solemos creer que el grave problema de contaminación que generan está resuelto, pero ¿en realidad es así? Un gran número de expertos coincide en que éstas, como tantos otros productos con las mismas características, no son tan inocentes como se piensa.
En nuestro país se usan 20 millones de bolsas al día.
Seguramente lo leíste en Equilibrio o lo escuchaste en las noticias: hace poco más de tres años que la Asamblea Legislativa del Distrito Federal (ALDF) reformó la Ley de Residuos Sólidos para prohibir a centros comerciales obsequiar a sus clientes bolsas de plástico. El objetivo, informó entonces la Secretaría del Medio Ambiente (SMA) capitalina, fue que en cada compra se fuera reduciendo el uso de este tipo de empaque. La iniciativa no sólo tenía fines ambientales, sino también económicos: la Asamblea consideró que los establecimientos no regalaban las bolsas, sino que se las cobraban a los consumidores en el precio total de sus compras.

La decisión también contempló sanciones económicas a las tiendas departamentales y de autoservicio que insistieran en seguir con esta práctica. Por cierto, la medida no incluyó a tianguis y mercados, pese a que los marchantes, de manera automática -y así lleves tu canasta o costal de yute-, colocan frutas y verduras en bolsas de plástico que después se vuelven inservibles gracias a esos nudos imposibles de deshacer y de los que, al parecer, se sienten orgullosos.
Sin embargo, ¿cuál es la situación actual? Como probablemente también te has dado cuenta, todavía nos “regalan” bolsas en las tiendas. Esto se debe a que la citada norma permitía dar estímulos a quienes cambiaran las bolsas de polietileno por las biodegradables.
Por si fuera poco, todo lo que empieza o termina con bio, verde, green o natural da la impresión de estar envuelto en cierto halo de santidad. Así, este tipo de bolsas incluye una leyenda impresa, aclarando que el producto “contiene un
aditivo pro-degradable, que en condiciones específicas de humedad, luz solar y temperatura, acelera la degradación del plástico y lo puede llevar a su degradación última en un plazo de 18 a 36 meses, de acuerdo con lo establecido en la guía ASTM D6954-04*. El tiempo y porcentaje de degradación puede variar dependiendo el medio de disposición final.” Nada mal, ¿verdad?, sin embargo…
¿Qué tan degradables son los plásticos degradables?
De entrada, hay dos aspectos que llaman poderosamente la atención en la mencionada leyenda. Primero está eso de las
“condiciones específicas de humedad, luz solar y temperatura”; segundo, la “degradación puede variar dependiendo el medio de disposición final”. De acuerdo con Plastics Europe, vocero oficial de los fabricantes de plásticos europeos, “los plásticos biodegradables requieren unas condiciones muy espedales para biodegradarse correctamente (microorganismos, temperatura y humedad)”. De hecho, la asodación advierte para que después no haya reclamos, que “cuando los plásticos biodegradables se entierran (cosa que debe evitarse en cualquier circunstancia), producen durante su descomposición gases de efecto invernadero peligrosos.”
Tendríamos que preguntarnos entonces: en el DF, ¿la disposición última de las bolsas de plástico degradables reúne las condiciones necesanas para que estos desechos desaparezcan? En realidad no. Tomemos en cuenta que en la ciudad, la basura que no termina en barrancas o tiraderos clandestinos, se va a los rellenos sanitarios.
Como bien señaló Greenpeace al fijar su postura ante las bolsas biodegradables: “si la comunidad ha elegido como medio de tratamiento de los residuos sólidos urbanos el relleno sanitario o la incineración (con o sin recuperación de energía), es indistinto que los plásticos sean biodegradables o no. Si, en cambio, se ha optado por el reciclado mecánico de los plásticos, es altamente inconveniente que sean biodegradables.”
¿En realidad desaparecen?
A decir de varios expertos, los plásticos biodegradables quizá se hagan invisibles, pero siguen ahí: “este tipo de bolsas se fragmenta, pero no se degradan y quedan pequeños pedazos de plástico nocivos para la tierra, aves, animales marinos e insectos”, explicó la revista Ciencia y Desarrollo, del Conacyt, y agregó que “el hecho de que un polímero sea soluble en agua es útil, pero el plástico, incluso disuelto, permanece en el agua, por lo que posteriormente se deposita en ríos y mares”, ¿Qué tiene de particular que esto suceda? Pues que, por muy amigables con el medio ambiente que presuman ser, los plásticos biodegradable no necesariamente están hechos a partir de biomateriales; por el contrario, suele tratarse de palietileno al que se agregó un aditivo degradante (¿recuerdas la leyenda impresa que mencionamos líneas arriba?). Sin embargo, sus compuestos químicos tóxicos siguen ahí.
También emiten gases tóxicos si son incineradas; tapan alcantarillas mientras no terminen de disolverse, y suelen ser ingeridas por la fauna.
Y el mayor daño es…
Prohibir a los comercios que regalaran bolsas plásticas tenía como objetivo preciso disminuir su cantidad (de acuerdo con la misma fuente, en 2011 se manejaban a diario ¡20 millones de bolsas en el país!) No obstante, el uso de las biodegradables puede generar el efecto contrario: los compradores, confiados en la inocencia de este producto, no disminuyen su consumo.
Como informó el sitio futurenergia.org de la European Schoolnet, .lla basura es en principio un problema de irresponsabilidad que puede solucionarse cambiando el comportamiento de la gente más que modificando los productos que se tiran (…), la gente pensará que no pasa nada por tirar esos productos, que en sí son ya una fuente valiosa de recursos, como es el caso de los plásticos. Por ejemplo, una bolsa de plástico, aunque sea biodegradable, tirada encima de un arbusto tardará muchos anos, y no días, como algunos piensan, en desintegrarse”. Aunque las bolsas de plástico degradables siempre serán preferibles, no son la panacea que creíamos. La buena noticia es que hay una mejor opción: algo tan simple y sencillo como reusar cualquier bolsa hasta que ya no sea útil Así es, se trata de la regla de oro: reutilizar.
Fuente: Revista Equilibrio No. 57
Publicada: Mayo de 2013

FAMATEAM.RSE

Consultoria integral de RSE y RRPP

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