2 de mayo de 2014

Buenos Aires, con mala nota como Ciudad Verde

Buenos Aires, con mala nota como Ciudad Verde

POR MIGUEL JURADO * - mjurado@clarin.com

En un ranking de la región aparece con peor calificación que, por ejemplo, San Pablo. Cómo medir cuánto contamina cada uno.



Ahora, mi amigo el Gallego está con el tema de las ciudades verdes. La semana pasada nos dio una clase sobre la huella de carbono, el calentamiento global y lo mal que está Buenos Aires con respecto a ciudades como San Pablo. Sí, San Pablo. En contra de lo que parece a primera vista, ese monumento a la autopista y a la congestión de tránsito es más sustentable que Buenos Aires. Y no es por los coches, temas como el uso del agua, la basura y el tratamiento de los residuos cloacales son los que nos tiran para atrás.

El domingo pasado, en el club, el Galle trajo un calculador para establecer la huella de carbono que deja cada uno. Se despachó con que los gases de efecto invernadero que produce Buenos Aires dependen de lo que compramos, cómo nos vestimos, qué comemos y de la manera en que viajamos, entre otras cosas. Agarró su notebook, entró en la página www.carbonfootprint.com, y empezó a sacarnos una radiografía de la huella de carbono que dejábamos cada uno. La huella de carbono se calcula con la totalidad de gases de efecto invernadero que uno emite en un año. Se mide en toneladas de anhídrido de carbono (CO2) y sirve para saber cuánto contribuís en empeorar el ambiente y cómo podés mejorarlo.

A mi, el cálculo del Galle me dio para el demonio. Resulta que la primera pregunta que te hace el sistema es cuánta electricidad y gas gastás en tu casa. Ahí nomás me cargué 3 toneladas de CO2, todo por culpa del aire acondicionado (creo). Después viene el tema de los viajes en avión, ahí me hice el distraído y no declaré nada. Un viaje a Río de Janeiro te carga casi una tonelada y a Europa, tres. Para calcular cuanto gas de efecto invernadero producís con el auto, el sistema te pide pelos y señales del coche. Yo no lo uso mucho pero, así y todo, llegué a las 0,80 toneladas de CO2. Con el colectivo y la SUBE, sumé poco y nada: 0,12 toneladas más.

El problema surgió cuando llegué a lo que los expertos de Carbon Footprint llaman la “huella secundaria”. Para calcular ese rubro te preguntan si comés carne o verdura, si cultivas hortalizas en tu casa, qué ropa usás, qué hacés con la basura y un montón de cosas más que parecen inofensivas, pero no lo son. Mirá que yo no soy un tipo gastador y separo la basura, pero no reciclo nada. El asunto fue que en la huella secundaria me mandé 6,68 toneladas de CO2 y el promedio se me fue al diablo. Cuando vi el total, me quería morir. En la Argentina, la huella media por persona es de 3,70 toneladas. En los países industrializados, llega a 11 y en el mundo, es de 4. Y los expertos piensan que para salvar el planeta, la huella de carbono per capita debería llegar a las 2 toneladas. Resulta que yo solito emito 10,58 toneladas al año. No tengo solución.

El Gallego trató de tranquilizarme. “Vos no sos el único problema... pero, ojo, sumás”, se sinceró y pasó a contarme cómo estaba Buenos Aires en el último Indice de Ciudades Verdes en América Latina, una investigación de 2010 de la Economist Intelligence Unit y Siemens. “¿Sabés que entre 17 ciudades, Buenos Aires está por debajo del promedio? –me preguntó–. Y San Pablo está por encima del promedio, aún cuando cualquiera pueda pensar que por la congestión de tránsito y su desarrollo extensivo es un desastre”. Así las cosas, Buenos Aires y Montevideo, a primera vista ciudades placenteras y bellas, están muy mal rankeadas. Es que, en general, la gente valora la belleza de las ciudades y su calidad de vida, pero un análisis de la eficiencia ambiental urbana pone el foco en otros temas.

A pesar de la buena red de transportes, Buenos Aires pierde calidad verde por el desmanejo del agua potable (se consume mucho y se derrocha también), el no tratamiento de la basura, los desechos cloacales que se tiran al río como vienen, y la calidad del aire, afectada por el uso intensivo de autos particulares. Y eso que el estudio se concentró en la Ciudad, sin tener en cuenta al Conurbano, a todas luces, una ventaja a la hora de medir nuestra verdadera huella de carbono.


Editor adjunto ARQ



FAMATEAM.RSE

Consultoria integral de RSE y RRPP

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